jueves, 17 de septiembre de 2026

PRINCIPIOS PARA UNA BUENA VIDA.

 


Nunca debemos dejar para el día de mañana  lo que podemos hacer hoy. Nunca molestemos a otras personas con algo que podamos hacer nosotros mismos. No hay que gastar el dinero antes de tenerlo. Jamás compres aquello que no quieres por el mero hecho de que sea barato. El orgullo nos sale más caro que el hambre, la sed, y el frío. Nunca nos arrepentiremos de haber comido demasiado poco. Pocas cosas son difíciles si las hacemos de buen grado. Hay que tomarse las cosas siempre por el lado amable Cuando estemos enfadados es conveniente contar hasta diez antes de hablar; pero si lo estamos en grado sumo contaremos hasta cien.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA BELLEZA DE LA MELANCOLÍA.

 


Hay que distinguir la depresión de la melancolía. Lo que separa a las dos es el grado de actividad. Ambas son formas de tristeza más o menos crónica que nos conduce, a una incomodidad duradera con el estado de las cosas. Frente a esta incomodidad, la depresión causa apatía, un letargo que se aproxima a la parálisis absoluta, y una incapacidad para sentir grandes cosas. Por el contrario, la melancolía genera en relación con la ansiedad, un sentimiento hondo, una turbulencia en el corazón que desemboca en un deseo de crear nuevas formas de ser y de ver. " La melancolía nos otorga el poder de experimentar la belleza".

martes, 15 de septiembre de 2026

EL PROPIO SENDERO

 


No debemos permitir bajo ningún concepto, que otros recorran el sendero por nosotros. Podrán recorrerlo juntos, pero nadie puede hacerlo por ti. Debemos aceptar nuestras acciones. Ser dueño de nuestros pensamientos. Hay que expresarse cuando nos hayamos equivocado y pedir disculpas. Es conveniente conocer  nuestro sendero en todo momento. para lograrlo debes conocerte por dentro y por fuera, aceptar tus puntos fuertes y tus flaquezas, y crecer cada día con honestidad, integridad, compasión, y fe.

lunes, 14 de septiembre de 2026

UN CUARTO VACÍO.

 


Mira el vacío. Hay claridad en un cuarto vacío. La buena suerte lo habita, en el reposa. Si no tenemos reposo interior, nuestra mente galopará por todas partes, a pesar de que nos mantengamos bien quieto. Hay que dejar que nuestros ojos y oídos se comuniquen; es muy conveniente quitar todo el conocimiento de nuestra mente. De ese modo lo espíritus vendrán a habitarlo sin mencionar a penas nada. Este es el método para la transformación de toda la creación.

domingo, 13 de septiembre de 2026

CALMA EN EL CORAZÓN

 


Cuando nuestra mente está en calma y sola con el latido de nuestro corazón, podemos sentir nuestra humanidad básica, y sabemos que todos las personas son hermanos. Nada más que nuestro propio miedo y desconfianza nos pueden separar del amor de nuestros seres queridos. Si podemos confiar en los demás lo aceptamos, disfrutando de ellos, nuestra vida será más plena y rica.


UNA NOTA AMIGABLE.

 


Lo que aprendemos en la madurez no son cosas sencillas, como adquirir habilidades e información. Se aprende a no incurrir en conductas autodestructivas, y a no dilapidar energía por causa de la ansiedad.  Se descubre cómo dominar las tensiones, el resentimiento y la autocompasión y que se encuentran entre las drogas más tóxicas.  Se aprende que el mundo adora el talento, pero recompensa el carácter. Comprendemos que la mayoría de las personas no está ni a favor ni en contra nuestro, por estar absorta en sí misma.  Se aprende, en fin, que por grande que sea nuestro empeño en agradar a los demás, siempre habrá personas que no nos quieran. Esto es una dura lección al principio, pero al final resulta muy tranquilizadora.

viernes, 11 de septiembre de 2026

¿POR QUÉ CORREMOS?

 


La sociedad de la prisa corre para no dejarse atrapar por los problemas. Esta prisa es imprescindible para mantener la caldera del sistema en marcha, a pesar de que cada vez da mayores signos de estar a punto de estallar. En una dimensión psicológica, corremos por lo mismo de siempre: para escapar del dolor. Pero ¡ay! el dolor es un corredor de fondo. La gran diferencia es que la tecnología nos ha permitido multiplicar nuestra prisa hasta alcanzar velocidades de vértigo; una tecnología que, por cierto, solo se ha ocupado de encontrar la manera de acelerar, pero se olvidó del mecanismo de frenado.