Según personas doctas en la materia, se ha llegado a la conclusión después de grandes observaciones, que cuando una serpiente venenosa se siente acorralada, se enfada tanto que acaba mordiéndose a sí misma. Esto es exactamente lo que pasa cuando acumulamos odio y resentimiento contra los demás: nos estamos mordiendo a nosotros mismos. Pensamos que hacemos daño a los otros guardando todo el despecho y el odio, pero el mal más profundo nos lo hacemos a nosotros mismos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario